La Misión o La Penetración Colonial en América Latina

CINEFORO SOBRE ‘LA MISIÓN’ (1986) trailer: https://www.youtube.com/watch?v=ghyLx-KmQ4M

‘No me podía dejar de preguntar si los indios no hubiesen preferido que el mar y los vientos no nos hubiesen traído aquí… a  ninguno de nosotros.’ –Cardenal Altamirano, La Misión (1986).

 

El amor es naturalmente una relación con un objeto. Las relaciones pueden ser simétricas o asimétricas. El misionero era la única posición sexual permitida por la iglesia. Con o sin amor, los europeos asimétricamente escogieron entre tantas maneras el misionero, para de ésta manera penetrar en América Latina. Sírvase de la polisemia de las palabras misionero y penetración.  Latinoamérica, la nueva tierra, virgen, inmaculada de la corrupción de la civilización jugaba en las fantasías Europeas, fue sin quererlo,  la pornografía de los utopistas. Tenían que hacerlo, tenían que penetrarnos con sus costumbres, con sus valores civilizatorios y quitarnos nuestra inocencia arcaica, sino, ¿quién iba a evangelizar a los pobres indios? Tenía que, el colonialismo, embarazarnos. Ahora, ¿quién es su hijo? – ¿quiénes somos nosotros?, nos preguntamos frecuentemente los latinoamericanos-. Si somos producto de una violación, ¿se puede no reconocer al hijo?

 

La Misión en Paraguay y el intento de evangelizar a los indios

El Misionero (1986) es una película anglosajona dirigida por Roland Joffé y protagonizada por Robert de Niro y Jeremy Irons. La película narra la historia del padre Gabriel (Jeremy Irons), un jesuita que entra a Paraguay (región entonces no por completo colonizada – zona casi exclusiva de los misioneros). Situada en la década de 1750, el padre intenta convertir al catolicismo a los Guaraní, tribu que en un principio se encuentra un poco reacia al intento pero a lo largo de la película logra actuar simbióticamente con los jesuitas, llegando hasta el punto de construir bienes culturales católicos como una iglesia.

Robert de Niro, interpreta a Rodrigo Mendoza, un mercenario de indígenas que se lucraba del secuestro de los mismos para venderlos en Brasil, donde la esclavitud indígena aún no era ilegal. Entre otros eventos que alimentan la historia de fondo de la película, su prometida se acuesta con su hermano y él al encontrarlos, lo reta a un duelo y lo mata en un episodio donde domina su id. Rodrigo posteriormente se siente profundamente culpable y entra en un episodio de depresión. Seis meses después, la historia de Rodrigo encuentra a la del Padre Gabriel. El Padre de visita a la Asunción, donde ve a Rodrigo, lo reconoce como el antiguo mercenario de indígenas y sorprendentemente lo llama cobarde: ‘Veo a un hombre que huye, un hombre que se oculta del mundo, veo a un cobarde… así que es eso, ¿así es como piensa continuar? …existe una salida, Dios nos dio libre albedrío, usted eligió el crimen pero también puede elegir su penitencia.’ Kant estaría orgulloso del Padre Gabriel, el hombre moderno es responsable de su propia vida; mayor de edad. De esta manera Rodrigo acompaña al Padre a la misión de San Carlos arriba de las cataratas como penitencia y empieza su proceso de resocialización llevado a cabo por los jesuitas y su interacción con la tribu Guaraní. Finalmente Rodrigo se convierte en jesuita.

Las misiones fueron en un principio no conflictivas, tanto el padre Gabriel como Rodrigo estaban protegidos en el territorio de la colonia española. Sin embargo eso acabó con el tratado de Madrid (heredero del tratado de Tordesillas) el cual delimitaba fronteras entre la colonia portuguesa y la española poniendo a las misiones en la colonia portuguesa, en donde como se ha mencionado, era legal la esclavitud indígena. Se formó un debate en cuanto a si las misiones seguirían siendo protegidas por la corona española. El papado envía al cardenal Altamirano, llamado ‘su eminencia’, para decidir sobre esta situación. En el debate, el Padre Gabriel pone a cantar a un niño Guaraní, al escucharlo, su eminencia dice: ‘Don cabeza, ¿cómo es que puede calificar a este niño como animal?’ a lo que Don Cabeza (gobernador quien apoya la esclavitud indígena) dice: un perico puede cantar mi eminencia.’ Y luego adhiere: ‘Este es un niño de la jungla… estas criaturas son como un animal con voz humana, estas criaturas son letales, tendrán que ser sometidas con espada.’

El cardenal Altamirano visita las misiones para tomar su decisión. Antes del viaje piensa: ‘Este intento de crear el paraíso terrenal bajo la tierra ofende fácilmente…’ El cardenal debe satisfacer a Portugal en expander su imperio, España para que no lo perjudique eso, satisfacer al papado. Los jesuitas no podrán negar las ‘satisfacciones’. En su visita a la misión de San Carlos, dice asombrado: es el jardín del edén.’ a lo cual el Padre Gabriel responde ‘un poco crecido.’

Al final, el cardinal decide dar las misiones a los portugueses dado a presiones externas. El hecho de no acatar con lo acordado por los gobiernos de España y Portugal podía significar la prohibición de la orden en los dos países y grandes problemas con el vaticano. Altimari tomó la alternativa que causaría la mayor utilidad y por vía de la negación, el menor mal; el cardinal no siguió una máxima moral.

Ante esto, los misioneros se encuentra en una diatriba: combatir a las colonias con el riesgo de ser excomulgados dado a que no cumplir con las órdenes del gobierno de España y Portugal significaba no cumplir con las órdenes jesuitas o, pelear y defender la misión. Por cuestiones de ser un filme, los misioneros escogen la segunda opción y luchan (a excepción de Gabriel sj.) contra la invasión. Los misioneros y sus compañeros Guaranís decidieron luchar ingenuamente. Como un niño tirándole una roca a un tanque fueron aplastados por los soldados españoles.

 

La conversación europea donde no todos estaban de acuerdo, Rousseau y las Casas

Se expondrá el pensamiento de Bartolomé y su contexto histórico, principalmente con el propósito de no querer encasillar a todos los europeos en una misma categoría. ¿Desde un contexto más amplio, qué pasaba con los indios en la época colonial Latinoamérica? Si bien hay ciertos matices haremos una generalización de la situación a partir de la brevísima de Bartolomé de las Casas dos siglos antes (1542) del contexto histórico de la misión (1750). Cabe acotar que hubo esfuerzos por abolir la esclavitud (NB: la esclavitud, no la dominación) indígena por los colonos, los cuales se expondrán a continuación.

Fray Bartolomé de las Casas, monje de la orden de los dominicos, nace en Sevilla, 1474 y muere en Madrid en 1566. Fue hijo de un encomendero y a su vez, también fue encomendero por unos años, experiencia que le llevó a vivir en América Latina. En 1542 publica la brevísima relación sobre la destrucción de las indias, magnum opus del autor. En este libro, relata las experiencias observadas en américa latina; la injusticia y la falta de valores cristianos de los españoles hacia los indios, gente inocente. Contrario a la creencia común, Bartolomé no escribe el libro para probar la humanidad de los amerindios, este problema ya había sido resuelto en Sublimis Deus, publicada por el Papa Pablo III (1537) en la cual declara que los indígenas tienen derecho a libertad y propiedad por tener alma y por tanto, libre albedrío, lo cual desemboca en la necesidad de evangelizar a los indios.

En 1512 se dio la Junta de Burgos, la cual asentó el derecho de los reyes a declarar la guerra a los indígenas que resistieran la evangelización y a regular las relaciones colono-indio mediante las encomiendas. En 1542 se promulgaron las Leyes Nuevas en la cual se abolió la encomienda como era conocida, pasó a ser no hereditaria y se prohibió esclavizar a los indígenas.

Las Casas tuvo la oportunidad de mostrar sus observaciones en la corte real durante el Debate de Valladolid (1550-1551) principalmente contra Juan Ginés de Sepúlveda quien había escrito para entonces su ‘Tratado sobre las Justas Causas de la Guerra contra los Indios’, escrito que apoyaba el statu quo de entonces dado a los crímenes contra la naturaleza cometidos por los indios (i.e., canibalismo, sacrificios e idolatría). Por ejemplo, cuando se debatía en La Misión sobre la protección de las misiones en Paraguay, se argumentaba que los indios mataban a sus bebes al nacer (Don Cabeza) y el Padre Gabriel responde: ‘sí lo hacen, pero lo hacen por sobrevivencia, si tienen más de dos hijos no pueden huir, y ¿de qué huyen? Huyen de nosotros, de la esclavitud.’ El Padre Gabriel ve el buen salvaje en los Guaranís, para él, son malos porque la sociedad (en este caso los colonizadores) los corrompieron.

Sepúlveda juzga a los indios como inferiores y necesarios de tutela, cosa que Bartolomé hace hasta cierto punto cuando los llama ‘ovejas’, pero las Casas a diferencia de Sepúlveda creía que se debía a su condición atrasada, a su aun estado de Naturaleza (no usa ese término). En la brevísima escribe:

“Menor razón hay para que los defectos y costumbres incultas y no moderadas que en estas nuestras indianas gentes halláremos nos maravillen y, por ellas, las menospreciemos, pues no solamente muchas y aun todas las repúblicas fueron muy más perversas, irracionales y en prabidad más estragadas, y en muchas virtudes y bienes morales muy menos morigeradas y ordenadas. Pero nosotros mismos, en nuestros antecesores, fuimos muy peores, así en la irracionalidad y confusa policía como en vicios y costumbres brutales por toda la redondez desta nuestra España”

Sepúlveda en cambio, ve cuatro grandes razones para las justas causas de la guerra: (1) El derecho de tutela, a los indios les conviene someterse a los españoles porque no tienen capacidad de autogobernarse. (2) La necesidad de impedir el canibalismo, porque al no hacerlo se incurre en pecar por omisión dada la (3) obligación de salvar a futuras víctimas y el (4) mandato católico de evangelizar. Desde una lógica aristotélica hay dos razones para la esclavitud: la natural y la justa. La justa se da cuando al ganar una guerra, se le da derecho al enemigo de vivir a cambio de su libertad, cosa que pasaría cuando los indígenas se resistiesen a la evangelización (y colonización) y la natural se refiere a cuando un pueblo es inferior a otro y, de la misma manera que ‘una mujer debe obedecer a su hombre’ lo ‘bruto debe obedecer al hombre’. Evalúa a los colonizadores como más perfectos y por ley natural ‘la materia obedece a la forma’. Declara que este pensamiento ha sido confirmado por Aristóteles; incurriendo así en un argumento de autoridad. Este pensamiento se puede ver reflejado en Don Cabeza.

Las Casas, para rebatir el punto sobre la inferioridad indígena, acota el ejemplo de la arquitectura azteca, gran muestra de racionalidad. El mismo, quien no ve el sentido en aristotelismo, demuestra la racionalidad de los indígenas. Sobre los españoles ‘más perfectos’ los considera como falsos cristianos y como ‘…leones cruelísimos de muchos días hambrientos.’ En cuanto a la esclavitud ‘justa’ menciona el pensamiento del obispo de Sancta Marta para hacer mostrar lo absurdo de la definición de guerra empleada por los colonos: ‘Llama a indios de guerra los que están y se han podido salvar, huyendo de las matanzas de los infelices españoles, por los montes. Y los de paz llama los que, después de muertas infinitas gentes, ponen en la tiránica.’ Acusa a los españoles de haber causado matanzas, robos y tiranías. También menciona que en las islas de Cuba y Jamaica, vivían alrededor de 600mil personas y que dado a la invasión española, solo quedaban 200 en la isla. Exactamente el mismo punto debate el Padre Gabriel cuando argumenta que los indígenas solo huyen y actúan mal dado a la presión externa de los colonizadores.

Vayamos dos siglos más adelante con Jean-Jacques Rousseau, 1712-1778. Fue un gran pensador europeo nacido en Ginebra. Pensador influyente de la ilustración y el romanticismo, conocido por sus obras políticas ‘Discurso sobre la desigualdad entre los hombres’ y el ‘Contrato Social’, término que por cierto, populariza el autor (cf. Locke usaba el término ‘pacto’ social).

Para Rousseau, el estado de Naturaleza es un caso hipotético en el cual los individuos no están corrompidos por la sociedad. En este estado vaga por la tierra sin ningún deseo de hacer daño, no tiene domicilio ni relaciones, la piedad natural es virtud propia de él. Pero este estado no es eterno. El hombre se va haciendo social, empieza a realizar actividades colectivas y termina por asociarse, primero en chozas familiares y después en pueblos; ocurre el pacto social, se alienan de la libertad plena.

Para Rousseau, el hombre natural es integro (dado a que no espera tener retribuciones), sano, no oprime y es justo. Rousseau ve el exotismo romántico es el hombre natural: el salvaje, el campesino, el pobre, dado que en ellos se manifiesta la bondad natural. En ‘Discursos sobre la desigualdad’ escribe: ‘los salvajes no son malos, porque no saben que son buenos: no es el aumento de las luces ni el freno de la ley lo que les impide hacer el mal, sino la calma natural de sus pasiones y la ignorancia del mito’. Esto no quiere decir que Rousseau no esté a favor de la razón, si bien es romántico, cree como buen ilustrado, que la razón hace a los hombres más justos y tolerantes. El buen salvaje se caracteriza por su inocencia, inocencia infantil la cual es perezosa y debe ser trabajada con la razón. El buen salvaje también es un buen irresponsable.

El estado de Naturaleza es ¿Entonces qué se debía hacer con los salvajes a la luz de esto? –Educarlos. La civilización no es totalmente mala, pero se debe resolver el problema de la conciliación entre la libertad individual y la autoridad del Estado, esto se debe a que somos individuos no-autosuficientes. Este problema solo se podrá resolver cuando se actúe acorde a la voluntad general, lo que es mejor para todos, a diferencia de la voluntad total, la mera suma de todas las voluntades. Para actuar acorde a la voluntad general se debe legislar de tal modo que cada hombre sea dominado solo por sí mismo al obedecer la ley.

En la manera que La Misión retracta a los Guaranís, se puede decir que estaban en un estado de Naturaleza, eran inocentes e irresponsables en cuanto a cuestiones morales, no querían hacerle daño a los españoles a menos que fuese por defensa propia.

 

Qué piensa un latinoamericano del siglo XIX 

Si américa latina fueran 100 personas, 35 se autocalificarían como blancos, 29 como mestizos, 24 como afro-descendientes y 11 como indígenas.[1] De estas 100 personas, 30 ganarían de cero a cuatro dólares por día y 38 de cuatro a diez dólares diarios. 20 personas habrían de ser víctimas de un robo en su último año de vida. Somos diversos, pero nada cercano a iguales en condiciones, para el año 2003 el Banco Mundial calculaba que uno de cada cinco guatemaltecos ‘blancos’ tenían carro a diferencia del uno de veinte de los ‘indígenas’. [2] Otro hecho representativo es que hasta la marea rosa, era casi inexistente la presencia de jefes de gobierno no caucásicos, muestra de los aún existentes privilegios de clases y etnia, similar a la situación de los WASP en Estados Unidos. Nuestras oportunidades no son iguales, no por una cuestión inherente a la raza sino por nuestra mentalidad colonial[3].

¿Estaríamos mejor si, como decía el cardenal Altamirano: ‘el viento y el mar no nos hubiesen traído aquí’? Como dirían los italianos, magari fosse vero, ojalá fuese cierto. Nosotros, los latinoamericanos no podemos hacer el experimento mental de imaginarnos sin los europeos o los africanos. Porque, como diría Uslar Pietri, no somos ni indios, ni negros ni blancos, somos algo nuevo. El hecho de que nos estemos debatiendo nuestra existencia solo puede ser posible por el encuentro que se tuvo con los europeos. Los colonos nos dominaron, sí, pero también fueron sus mismas ideas las cuales nos liberaron. La primera constitución de Hispanoamérica (Venezuela 1811) puede fácilmente leerse como un manual de filosofía política moderna (i.e. Locke, Rousseau, Montesquieu, Hobbes) añadiendo el sincretismo del Estado no-laico, con el catolicismo como religión exclusiva.

¿Vivíamos en una inocencia arcaica? ¿Éramos buenos salvajes? No del todo, Latinoamérica no tenía una sola tribu, así como habían unas que vivían en un ‘comunismo primitivo’ también hay otras como los Incas y Aztecas quienes tenían sistemas jerárquicos que nada tenían que envidiar a las formas más puras del autoritarismo europeo del ancien régime, estas dos grandes civilización también tenían esclavos y así como los españoles implantaron las encomiendas, los incas tenían la mita. De hecho, cuando Pizarro conquista al Perú, lo hace con un ejército de apenas 1200 soldados Españoles, su éxito se debió en gran parte, al amplio apoyo que tuvo de parte de las tribus sometidas por el imperio Inca. Situación similar a la que ocurrió con Cortés en México.

¿Fuimos violados? –Innegablemente. Pero esto no significa que debamos resentirnos y como hacen la gran mayoría de los latinoamericanos, culpar a las potencias mundiales por nuestros problemas. Somos subalternos, sí, evidentemente no estamos al tope de la jerarquía mundial. Pero también somos modernos, nos podemos valer de nosotros mismos mediante la razón para encontrar el progreso, que ya no es lineal, ahistórico y universal. Necesitamos romper las categorías binarias como centro-periferia para encontrar nuestros propios modelos de desarrollo, no indio, no negro, no español sino latinoamericano.

BIBLIOGRAFÍA

 

http://plato.stanford.edu/entries/rousseau/

http://www.elespectador.com/opinion/el-mito-del-buen-salvaje

http://www.veoh.com/watch/v72553787CQc74BdW

http://recursoslibart.blogspot.com/2010/04/debate-sobre-la-naturaleza-de-los.html

https://jorgecaceresr.files.wordpress.com/2010/05/democrates-segundo-o-de-las-justas-causas-de-la-guerra-contra-los-indios.pdf

http://www.ciudadseva.com/textos/otros/brevisi.htm

[1] Los datos que utilizo a continuación  son del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para el 2015. Data disponible en http://blogs.iadb.org/abierto-al-publico/2015/07/23/como-seria-america-latina-y-el-caribe-si-fueran-100-personas/

[2] Dato encontrado en The Economist: http://www.economist.com/node/2193852

[3] Tesis que desarrolla Rafael Tomás Caldera en Ensayos Sobre nuestra Situación Cultural (2013). En general se refiere a sobrevalorar lo foráneo solo porque viene del mundo desarrollado y a ver a nuestro país como una colonia que explotar para disfrutar las ganancias afuera, no como un sitio de construcción.

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